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Clase media: El Paraíso tiene escritura

El dato salió esta semana y circuló con la naturalidad de los rituales estadísticos. Según...

Clase media: El Paraíso tiene escritura

El dato salió esta semana y circuló con la naturalidad de los rituales estadísticos. Según...

El dato salió esta semana y circuló con la naturalidad de los rituales estadísticos. Según el instituto de estadística porteño, un hogar de cuatro integrantes necesitó en junio un ingreso de al menos 2.493.587 pesos para ser considerado de clase media, dentro de una franja que se extiende hasta casi ocho millones mensuales. Por debajo del piso quedan los estratos que la jerga oficial denomina sector medio frágil, no pobres vulnerables, pobreza e indigencia. Por encima del techo, los sectores acomodados. Hasta ahí, la foto. El problema aparece cuando uno la mira de cerca, porque la categoría esconde dos trampas que la vuelven cada vez menos útil para entender quién vive cómo en la Argentina de 2026.

La primera trampa es que el hogar de referencia de la medición es propietario de su vivienda. El alquiler, que para millones de familias se lleva entre el treinta y el cuarenta por ciento del ingreso, queda afuera del cálculo. Una familia que gana tres millones de pesos y paga ochocientos mil de alquiler queda, en los papeles, cómodamente instalada en la clase media. En la práctica vive contando los días hasta el próximo ajuste del contrato, sin margen para un imprevisto y sin capacidad alguna de ahorro. Mientras tanto, un empleado municipal propietario que gana bastante menos duerme mejor, gasta con más libertad y hasta separa algo todos los meses. La estadística los ordena al revés de como los ordena la vida.
La segunda trampa es la amplitud de la franja. Entre el piso y el techo del estrato medio hay una distancia de más de tres veces el ingreso. A una franja donde conviven el que junta para las vacaciones en la costa y el que hace dos viajes al exterior por año le queda grande el nombre de clase. Es un país adentro de otro. Las consultoras privadas que estudian el consumo llegaron a la misma conclusión y hoy segmentan a la clase media en al menos tres pisos distintos, con estructuras de gasto que se parecen cada vez menos entre sí. Y un informe reciente aportó el dato que ordena todo el debate. Apenas un tercio de las familias argentinas logra ahorrar algo a fin de mes. A la clase media de hoy la definen dos tenencias, el techo propio y el excedente a fin de mes. El ingreso quedó reducido a condición de entrada, necesaria y a la vez insuficiente.
Esa distinción, que parece un tecnicismo, es la llave para entender el momento económico. Con un dólar planchado en torno a los mil quinientos pesos, el que llega a fin de mes con resto descubre que su excedente rinde como hace años no rendía. Compra dólares baratos, viaja al exterior, financia el importado en cuotas, recibe el paquete del courier liberado. Un economista crítico del programa oficial lo escribió esta semana con ironía amarga. Con el dólar barato, la clase media va al paraíso. La frase es exacta, con una sola corrección. Al paraíso va la mitad propietaria y con excedente. La otra mitad, la inquilina y la que llega justa, mira el paraíso por la ventana del mismo estrato estadístico, mientras su changa, su comercio o su paritaria compiten contra ese mismo dólar barato que al vecino le financia Miami.

En distritos como Nueve de Julio el fenómeno tiene su propia textura. El interior tiene tasas de vivienda propia más altas que las grandes ciudades y un costo de vida menor en pesos, lo que ensancha la clase media local respecto de la porteña. Pero también tiene ingresos más bajos, consumos que cuestan lo mismo que en Capital y una economía atada al campo, que es justamente el sector al que el dólar planchado le aprieta los márgenes. El productor que factura en dólar oficial y el comerciante de la avenida que le vende al productor conocen esa cuenta mejor que ningún instituto de estadística. La consecuencia política de todo esto todavía no tiene precio en ninguna encuesta, pero conviene anotarla. El modelo económico partió a la clase media estadística en dos clases medias reales, con experiencias cotidianas opuestas del mismo tipo de cambio. Las dos figuran en la misma franja del INDEC, las dos se llaman a sí mismas clase media, y las dos van a votar en 2027. Difícilmente voten lo mismo. Quien logre ponerle nombre, agenda y propuesta a la clase media que mira por la ventana habrá encontrado el electorado más grande y menos representado de la Argentina que viene. Por ahora, nadie parece estar buscándolo.

Fuente: https://www.semanarioextra.com.ar/clase-media-el-paraiso-tiene-escritura/

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