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La felicidad estadística

Por Javier Pappalardo La economía argentina parece transitar hacia un mismo objetivo, ...

La felicidad estadística

Por Javier Pappalardo La economía argentina parece transitar hacia un mismo objetivo, ...

Por Javier Pappalardo

La economía argentina parece transitar hacia un mismo objetivo, pero por carriles diferentes. Uno de los carriles es el del optimismo oficial. Esta semana el Gobierno tuvo una noticia que esperaba desde hace más de dos años. Argentina cumplió por primera vez, y con holgura, la meta anual de acumulación de reservas netas acordada con el Fondo Monetario Internacional. La consultora 1816, una de las más escuchadas por la City, calculó que las reservas aumentaron 8.455 millones de dólares en el año contra los 8.000 comprometidos, con un Banco Central que encadenó más de ciento treinta jornadas consecutivas comprando divisas y que lleva incorporados más de 12.700 millones en lo que va de 2026. Para completar el cuadro, el ministro Caputo anunció el miércoles el envío al Congreso de una Ley de Inocencia Fiscal destinada a que los dólares del colchón salgan a la superficie sin sobresaltos tributarios. Todo eso, con la inflación de junio en 1,9 por ciento, la más baja en diez meses, todavía fresca en el ánimo oficial y en los festejos de la red social X.
Transitando en la misma dirección, pero por otro carril, el dólar subió tres días seguidos y cerró el viernes en 1.520 pesos en las pantallas del Banco Nación, un récord nominal que superó el pico de 1.515 alcanzado el 22 de octubre de 2025, en plena escalada preelectoral. El diario «Perfil» documentó el miércoles que los salarios formales todavía no recuperaron el poder de compra que perdieron desde noviembre de 2023. Página 12 tituló el viernes, con esa sequedad que a veces vale por un tratado, que el salario mínimo está cada vez más mínimo. Las ventas minoristas pymes relevadas por CAME cayeron 2 por ciento interanual en julio y acumulan una baja de 3,5 por ciento en el año. Y la industria, según la consultora que dirige Diego Coatz, arrastra una contracción de 3,1 por ciento en 2026, funciona 14,5 por ciento por debajo de su máximo de 2017 y perdería 105 mil puestos de trabajo entre directos e indirectos antes de fin de año. Otro medio, «El Destape», citando el relevamiento del propio Banco Central, recordó que el consenso de consultoras espera el dólar en 1.673 pesos para diciembre. Un vocero presidencial fue más generoso todavía y deslizó que podría llegar a los 1.800. Cuando el pronóstico más pesimista sobre el tipo de cambio sale de la propia vocería, conviene al menos anotarlo.

La convivencia de ambas realidades en un mismo país admite una explicación técnica y otra política. La técnica es conocida. El programa económico ordenó con eficacia las variables que se miden en planillas, el superávit fiscal, las reservas, la desaceleración de precios, y todavía no ordenó las que se miden en changuitos, el salario real, el consumo, el empleo industrial. Los sectores que traccionan el crecimiento, energía, minería y agro, explican una porción menor del empleo total, de modo que el producto puede crecer mientras la mayoría trabaja en los sectores que se achican. La explicación política es más interesante. El Gobierno apuesta a que, llegado el momento de votar, la memoria de la inflación derrotada pese más que la experiencia del mostrador vacío. Es una apuesta audaz, porque supone que el votante compara con el pasado y no con su propio bolsillo del mes corriente. El calendario dirá si el cálculo es astuto o soberbio.
Hay, además, un detalle de esta semana que merece un párrafo aparte, porque toca la materia prima de cualquier debate económico, que son los números mismos. «Infobae» recordó que si el INDEC hubiera aplicado la metodología actualizada del índice de precios, esa que el Gobierno dejó en suspenso en febrero y cuya postergación precipitó la renuncia de Marco Lavagna, la inflación de junio habría dado algo más alta que el 1,9 celebrado. La diferencia es de décimas y no cambia la tendencia. Pero un gobierno que eligió qué termómetro usar según la fiebre que quería mostrar tiene menos autoridad para exigir que le crean el diagnóstico. La credibilidad estadística se construye en años y se gasta en decretos.
Para el lector de esta región, la traducción es directa. El dólar récord mejora la cuenta del que vende soja y complica la del que ya venía comprando insumos con margen finito. La desinflación alivia, pero alivia sobre precios que ya subieron y salarios que todavía no los alcanzaron. Y las pymes de nuestras ciudades, las que sostienen el empleo que ninguna planilla macroeconómica registra con cariño, siguen esperando que la estabilidad tan festejada baje alguna vez del panel de indicadores al salón de ventas.
La semana que viene traerá nuevos números y nuevos festejos, porque en la Argentina del segundo semestre de 2026 los números buenos existen y son reales. El problema es de domicilio. Habitan en las reservas del Central, en las planillas del Fondo y en las cuentas de la macro, todos barrios donde la gente común no vive. Entre el país que brinda en las estadísticas y el país que espera en los mostradores hay una distancia que ningún índice mide todavía. Esta semana esa distancia tocó su récord nominal, igual que el dólar. Y la diferencia, como siempre, no la paga el que la festeja.

Fuente: https://www.semanarioextra.com.ar/la-felicidad-estadistica/

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