
La sábana y el reglamento
Por Redacción Extra Digital Hay semanas en que la política se explica mejor por sus...
Por Redacción Extra Digital
Hay semanas en que la política se explica mejor por sus objetos que por sus discursos. La que termina dejó dos. El primero fue una sábana de hotel pintada con tinta negra, arrojada desde una tribuna en Estados Unidos, que los jugadores de la Selección desplegaron tras eliminar a Inglaterra con una leyenda de cinco palabras que todo argentino conoce de memoria. El segundo fue un expediente parlamentario que duerme en el Senado desde abril y que el Gobierno necesita despertar antes de septiembre para suspender, otra vez, las primarias abiertas. Una tela improvisada y una tela reglamentaria. La primera conmovió al país en segundos. La segunda no consigue conmover ni a los propios.
La historia de la sábana merece contarse con sus vueltas, porque cada vuelta es un dato político. El Gobierno había aceptado las exigencias de la FIFA de mantener el partido limpio de manifestaciones sobre Malvinas, y su ministra de Seguridad llegó a explicar el acuerdo con una fórmula desdichada sobre el ingreso de mensajes al estadio. Los excombatientes respondieron con canciones de cancha. Cuando la bandera apareció igual, sostenida por los futbolistas más populares del país, el Presidente ensayó primero la desautorización, habló de patrioterismo barato y de eslóganes que generan ruido, y días después, medido el costo, terminó declarando que las Malvinas son argentinas y que se recuperarán por la vía diplomática. El arco completo, de la prohibición pactada al abrazo forzado, tomó menos de una semana. Los gobiernos argentinos llevan medio siglo intentando administrar lo que el fútbol le hace al sentimiento nacional, y medio siglo comprobando que ese territorio no acepta administración. Lo novedoso del episodio reciente es que el ocupante de la Casa Rosada eligió pararse, aunque fuera por un momento, del lado de la ventanilla equivocada del mostrador.
Mientras el país entero discutía la sábana, la otra tela avanzaba con la discreción de las cosas importantes. La Nación describió la estrategia parlamentaria del oficialismo para el segundo semestre, ordenada en tres frentes, con la reforma electoral al tope, el Presupuesto 2027 como moneda de cambio y un paquete económico como horizonte. El corazón de esa reforma es la eliminación, o al menos una nueva suspensión, de las PASO, y su motor confeso es el miedo. En despachos oficialistas se repite un nombre que funciona como advertencia más que como recuerdo. Macri, agosto de 2019. Aquella noche una primaria adversa derrumbó un programa económico en horas, y en la Casa Rosada temen que la historia rime si el Presidente, con la intención de voto que le atribuyen los estudios que circulan por el Congreso, quedara segundo en una primaria frente a un peronismo reunificado por la propia mecánica electoral. La reforma exige mayoría absoluta en ambas cámaras, 129 diputados y 37 senadores, y la llave la tienen los gobernadores y una docena de diputados del PRO cuya conducción, consultada por la prensa, admite que el diálogo profundo todavía no ocurrió. El nuevo jefe de Gabinete negocia, el calendario aprieta, septiembre es el plazo que el propio oficialismo se fijó.
Conviene detenerse en la naturaleza del argumento oficial, porque es una confesión notable. Contra las primarias existen razones serias, y quienes las esgrimen las repiten desde hace una década, desde el costo fiscal de organizar una elección adicional hasta la participación declinante que las fue vaciando de sentido. Pero el motivo que mueve hoy al oficialismo reside en otra parte, en que un resultado adverso podría asustar a los mercados. La ingeniería electoral como cobertura financiera. El calendario cívico rediseñado para que la economía no se entere de lo que piensa el electorado hasta que sea tarde para reaccionar. Un gobierno que llegó al poder denunciando las trampas de la política dedica su capital escaso a la más clásica de todas, que es acomodar el tablero cuando las fichas propias no alcanzan. Y debe negociarlo, además, con los gobernadores y los bloques que su propio relato describió como el problema argentino.
El paisaje alrededor no ofrece respiro. Este miércoles, mientras esta columna se publica, la CGT marcha frente al Congreso junto a las dos CTA, la UTEP y los jubilados de todos los miércoles, con el paro general otra vez sobre la mesa de las centrales. El lunes 27 aterriza Kristalina Georgieva para reunirse con el Presidente, visita que el Gobierno exhibe como respaldo y que también puede leerse como supervisión. Para agosto se anuncia la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central. Y en la provincia de Buenos Aires, una encuesta publicada por Perfil mostró la disputa voto a voto entre el peronismo y La Libertad Avanza, con un dato que vale más que el empate. Cuatro de cada diez electores bonaerenses no se identifican con ningún espacio. Ese cuarenta por ciento suelto, que no milita, que desconfía de todos y que sin embargo lloró con una bandera pintada a mano, es el verdadero árbitro de 2027, y ninguna colectora lo captura por decreto. Y no habita solamente el conurbano de los estudios de opinión. Vive también en estas cuadras y votó en las mesas de nuestras escuelas, y quien pretenda 2027 va a tener que venir a buscarlo hasta acá, donde las lealtades se ganan de cerca o no se ganan.
Queda la comparación final entre las dos telas, que es la enseñanza de la semana. La sábana costó cero, se improvisó en una noche y unificó en una emoción a un país que no se pone de acuerdo en nada. El reglamento cuesta el Presupuesto, las cajas provinciales y meses de negociación con los enemigos íntimos, y todavía no junta las manos necesarias. El oficialismo quizás consiga sus 129 votos, la política argentina ha visto milagros menores. Pero quien necesita cambiar las reglas para no perder ya confesó que duda de poder ganar, y esa confesión no se borra con ninguna mayoría. Porque los votos se negocian, los calendarios se corren y los reglamentos se reescriben. Lo que se pintó sobre una sábana de hotel no estaba en venta.
Fuente: https://www.semanarioextra.com.ar/la-sabana-y-el-reglamento/