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Producir más no alcanza

La Argentina tiene capacidad instalada para moler setenta millones de tonelad...

Producir más no alcanza

La Argentina tiene capacidad instalada para moler setenta millones de tonelad...

La Argentina tiene capacidad instalada para moler setenta millones de toneladas de oleaginosas y muele bastante menos. El debate pendiente no es cuántas plantas faltan construir.

Por Redacción Extra Digital

Hay un dato de este mes que resume mejor que cualquier proyección el problema argentino del valor agregado. Según la Bolsa de Comercio de Rosario, para los embarques de septiembre las declaraciones juradas de venta al exterior de poroto de soja superaron a las de harina. Es decir que, en el mes, la Argentina se comprometió a vender más grano crudo que producto industrializado. Las exportaciones declaradas de poroto de la campaña 2025/26 ya pasaron los cinco millones de toneladas, contra una proyección oficial de siete, y todo indica que habrá que corregirla hacia arriba por la demanda china. La respuesta intuitiva a eso es pedir más industria. Es una respuesta correcta y también insuficiente, porque la industria ya está construida.

El país tiene capacidad para procesar unos setenta millones de toneladas anuales de oleaginosas, repartidas en algo más de cuarenta plantas. En 2024 procesó cuarenta y seis. La capacidad ociosa ronda el treinta por ciento en un año normal, y en diciembre pasado trepó del treinta y seis al cuarenta y tres por ciento por falta de poroto disponible. Mientras tanto, según los propios industriales, la molienda argentina está prácticamente estancada desde hace una década, en el mismo período en que Estados Unidos sumó casi diez millones de toneladas de capacidad en tres años y Brasil aceleró sus inversiones.
Eso cambia la pregunta. La discusión útil no es cuántas plantas faltan. Es por qué las que hay funcionan por debajo de su potencial. Una parte de la respuesta es fiscal y se puede medir. Durante décadas el sistema argentino sostuvo un derecho de exportación más alto para el grano que para sus derivados, y esa diferencia era la que hacía que conviniera moler acá antes de embarcar. Hoy ese diferencial casi desapareció. El poroto de soja tributa veinticuatro por ciento y el aceite, la harina y los pellets veintidós y medio. Un punto y medio. Y el cronograma del decreto 423/2026 lo achica todavía más: hacia diciembre de 2028 el grano llega al quince por ciento y el aceite crudo y la harina al catorce. Un punto de diferencia entre exportar la materia prima y exportar el producto transformado.

Conviene decir lo que sigue con todas las letras, porque es incómodo para todos. Bajar las retenciones al grano es bueno para el productor y nadie sensato va a pedir que se las vuelvan a subir para forzar la molienda. Pero si la señal fiscal que durante cuarenta años premió transformar antes de exportar se reduce a un punto, esa señal deja de existir, y el resultado previsible es exactamente el de este septiembre. Más poroto al barco. El país no eligió eso en un debate público. Le salió como consecuencia.
Para el interior productivo hay además un problema de geografía que las columnas sobre agregado de valor suelen esquivar. El polo de crushing argentino está concentrado en un radio de trescientos a cuatrocientos kilómetros alrededor del Gran Rosario, con las plantas, los puertos y la zona sojera dentro del mismo círculo. Es una ventaja que, según la propia cámara del sector, no existe en ningún otro lugar del mundo. Nueve de Julio queda a poco menos de trescientos kilómetros en línea recta de ese polo. Una planta de molienda instalada acá competiría contra fábricas ya construidas, ya amortizadas y con el barco en la puerta. Decirlo no es resignación. Es precisión. Para la molienda de soja a escala exportadora, el interior de la provincia difícilmente gane esa pulseada, y conviene admitirlo antes de prometer una fábrica en cada pueblo. Donde el interior sí puede pelear es en las transformaciones que no dependen de la escala portuaria, y esa es una lista más corta, más concreta y más discutible que la consigna general.
Esa es la diferencia entre una declaración de principios y una discusión. Todo el mundo firma que hay que agregar valor. Nadie discute que el interior debería quedarse con una porción mayor de lo que produce. Lo que casi nunca se pone por escrito es qué lo impide en concreto, cuánto cuesta, quién decide y en qué plazo. Sin eso, agregar valor es una consigna, y las consignas no mueven capital.
La próxima década puede ser buena para la agroindustria argentina. El complejo sojero aportará este año unos tres mil doscientos setenta y cinco millones de dólares solo en derechos de exportación, y los volúmenes vienen en niveles récord. La oportunidad existe. Pero antes de discutir cuántas plantas hay que construir, el país tendría que poder explicar por qué treinta de cada cien toneladas de capacidad instalada están apagadas.

Fuente: https://www.semanarioextra.com.ar/producir-mas-no-alcanza/

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