
Encárala al medio
Dos animales parecidos, la misma tormenta y dos formas opuestas de atravesarla. Una dura minut...
Dos animales parecidos, la misma tormenta y dos formas opuestas de atravesarla. Una dura minutos y la otra dura horas.
Cuentan que la vaca, cuando ve venir la tormenta, arranca a correr en la misma dirección que las nubes. Huye. El problema es que la tormenta viaja más rápido que ella, así que la alcanza, la envuelve y la vaca termina corriendo adentro del temporal durante horas, empapada, agotada y convencida de que está escapando. El búfalo hace exactamente lo contrario. Ve la tormenta, la enfrenta y la cruza de punta a punta. Sale del otro lado en unos minutos.
Es una parábola, no un tratado de zoología, y conviene decirlo antes de que alguien vaya a discutir el detalle con un veterinario. Pero la imagen se sostiene sola, porque describe con una precisión incómoda algo que hacemos todos los días. La tormenta es la misma para los dos animales. Lo que cambia es la reacción. Y lo que cambia sobre todo es la cantidad de sufrimiento. La vida está llena de tormentas de este tipo. La conversación que hay que tener y se posterga. El conflicto que se tolera porque plantearlo va a ser peor. La deuda que no se mira. El estudio médico que se saca del bolso y se vuelve a guardar. El empleado al que hay que decirle algo y no se le dice. El reclamo que se manda mañana, y mañana se manda pasado. La mayoría de nosotros nos comportamos como las vacas. Miramos para otro lado y esperamos que la cosa se acomode sola. El razonamiento parece razonable, incluso prudente. Y sin embargo el problema corre más rápido que uno. Cuanto más se huye, más tiempo se vive adentro. El asunto que se evita no se achica. Simplemente dura más, y mientras dura ocupa lugar, gasta energía y arruina noches enteras que no tenían por qué arruinarse.
La versión argentina de esta idea es mucho mejor que la de los búfalos, y la contó Héctor Veira. Viajaba en avioneta rumbo a Mar del Plata con Oscar «Ringo» Bonavena y un piloto al que el propio Bambino describe como más temerario todavía que el boxeador. En pleno vuelo se les vino encima una tormenta de frente. El piloto preguntó qué hacían. Bonavena contestó que la encararan al medio. Veira lo cuenta como chiste, y como chiste funciona perfecto. Pero adentro de la humorada hay un manual completo de conducta. Bonavena no dijo que la tormenta no existía, ni propuso ignorarla, ni prometió que del otro lado estaba todo bien. Dijo dónde entrar. Que es lo único que se puede decidir cuando la nube ya está ahí.
Vale la pena aclarar algo, porque la lectura fácil de esta metáfora es la del coraje decorativo. Encarar al medio no significa mandarse sin pensar, ni buscar pelea, ni confundir la valentía con la impaciencia. Significa hacer lo incómodo temprano. Levantar el teléfono hoy en lugar del viernes. Decir la frase difícil con la persona adelante. Abrir el sobre. Preguntar lo que hace tres semanas que uno no pregunta porque tiene miedo de la respuesta. La tormenta va a pasar por encima de todos modos. Eso no lo elige nadie. Lo único que se elige, y se elige todos los días, es cuánto tiempo se vive adentro.
Fuente: https://www.semanarioextra.com.ar/encarala-al-medio/